Yo creo en el Hijo: el Rey que regresa

   Después de la resurrección, los discípulos todavía tenían preguntas. Querían saber tiempos, fechas, desenlaces. Querían certezas inmediatas. Y en lugar de responderles con un calendario, Jesús les ofrece algo mejor: una promesa y una misión.

  El pasaje de hoy nos sitúa en un momento lleno de tensión y esperanza. Jesús habla con sus discípulos por última vez antes de ascender. Ellos miran al cielo, intentando comprender lo que ocurre, mientras el Señor es elevado y una nube lo oculta de una visión. No es una despedida común. Es una entronización silenciosa. Aquel que fue crucificado y resucitado ahora es exaltado.

  La ascensión de Jesús nos recuerda que la historia no quedó inconclusa. Cristo no desapareció ni se retiró. Él reina. Está vivo, glorificado y ejerciendo autoridad. Desde allí, gobierna sobre la historia, las naciones y aún sobre los momentos que hoy nos resultan confusos o inciertos. Saber donde está Jesús ahora cambia la manera en que vivimos aquí.

   Pero el pasaje de hoy también nos guarda de un error frecuente: quedarnos mirando al cielo sin movernos. Los ángeles interrumpen la contemplación con una pregunta directa: " ¿Qué hacen aquí mirando al cielo?". Esta es una invitación a volver a la tierra con una esperanza clara. El mismo Jesús que ascendió, volverá. No como siervo sufriente, sino como Rey glorioso.

  " y les dijeron: Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ustedes han visto irse al cielo, vendrá de la misma manera que lo vieron desaparecer." (Hechos 1:11).

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