Bondad
Hoy comenzamos un camino lento y deliberado hacia la cruz. La Semana Santa no nos invita a correr hacia el Domingo de Resurrección, sino a detenernos... a hacer espacio.. a volver a contemplar la belleza del evangelio con reverencia. Muchos conocemos esta historia; sin embargo, la familiaridad puede adormecer el asombro. Esta semana queremos mirar otra vez, con una nueva mirada y el corazón despierto y sensible.
El evangelio no comienza en la cruz. La muerte y resurrección de Jesús no fueron un plan de emergencia; tampoco fueron una improvisación divina. Fueron el clímax de un propósito eterno. Para comprender que la cruz importa, debemos volver al principio.
Para valorar cualquier cosa, necesitamos saber quién lo hizo, por qué lo hizo y para qué fue diseñado. Sin ese marco, todo puede parecer deshecho. Como un coche oxidado que, sin contexto, parece chatarra. Pero cuando descubres que fue hermoso, útil y diseñado con intención, entonces entiendes que vale la pena restaurarlo.
Lo mismo ocurre con nuestro mundo. No podemos comprender lo que está roto si no sabemos primero lo que fue creado.
" Entonces dijo Dios: ¡Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza! ¡Que domine en toda la tierra sobre los peces del mar, sobre las aves de los cielos y las bestias, y sobre todo animal que repta sobre la tierra!" (Génesis 1:26).
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