En la línea de fuego
La historia de hoy es muy conocida, pero, a diferencia de lo que podría pensarse, no es una lección de autosuficiencia. El mensaje central de este pasaje no es la destreza de David, sino la fuente de su valentía:
Él, apenas un muchacho, se enfrenta a un gigante que se levanta ante el pueblo de Dios. Todo el ejército está paralizado, no solo por el gran tamaño de Goliat, sino también por la humillación que provoca en los soldados que no se atreven a luchar contra él. Durante cuarenta días, el gigante se burla de Israel, como diciendo: "¿Dónde está tu Dios?"
Así actúa el miedo. Nos hace creer que Dios es pequeño y que nuestros problemas son descomunales. El miedo ocupa por completo nuestra visión y se convierte en un lente. Y cuando miramos la realidad a través de él, nuestras piernas se bloquean y la esperanza termina por apagarse.
Sin embargo, David se enfrenta al gigante con una visión distinta. No niega el peligro no finge que Goliat sea débil, pero se niega a aceptar que la victoria del enemigo sea el final de la historia. Incluso llama a Goliat "incircunciso", no como un insulto vacío, sino como un recordatorio para su pueblo: ese hombre no conoce al Dios vivo ni tiene un pacto con él. Para David, lo que está en juego, en realidad, es el nombre del Señor.
" Pero David le respondió: Tú vienes contra mí armado de espada, lanza y jabalina; pero yo vengo contra ti en el nombre del Señor de los ejércitos , el Dios de los ejércitos de Israel, a quién tu has provocado." (1 Samuel 17:45).
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