Sufrimiento con propósito

   Ayer vimos a David en su punto más alto derrotando a Goliat. Pero hoy, el escenario es muy distinto. La amenaza  ya viene de un gigante extranjero, sino de un corazón corroído por la envidia. El rey Saúl escucha con atención la canción que exalta la hazaña del joven pastor y un fuego se enciende en su corazón: " Saúl mató a sus miles, ¡pero David, a sus diez miles!" Ahora el éxito de David se siente como la humillación de Saúl, y este ya no lo ve como un aliado, sino como una amenaza.

   La envidia rara vez se presenta de forma evidente. Usualmente se disfraza de "justicia", "prudencia" o "defensa de la propia reputación." Pero, en el fondo, es la negativa a que Dios pueda honrar a otro. Es el impulso de un corazón que necesita ser el protagonista y es capaz de convertir, sin contemplaciones, a un hermano en rival. Cuando la envidia gobierna, el corazón simplemente se vuelve peligroso.

   De un momento a otro, David se convierte en fugitivo. La promesa de Dios sobre su vida permanece, pero su realidad empieza a desmoronarse. Ahora, se ve obligado a vivir en cuevas, a cruzar desiertos y a mantenerse en constante movimiento para seguir con vida, y esto se prolonga durante años. En esa posición, es díficil no preguntarse: ¿por qué? Si Dios lo escogió, ¿por qué permitió que pasara por peligros y viviera tantas injusticias?

   Aquí nos encontramos con un punto clave de la formación espiritual. Dios no solo nos conduce a un destino, sino que también nos forma en el camino. El dolor no significa que él esté ausente; a menudo significa que él está obrando en silencio. En el sufrimiento, David aprendió que el Señor es su fuerza cuando es débil, su gozo cuando está quebrantado y su refugio cuando es perseguido. En el sufrimiento, Dios deja de ser solo una idea, y se convierte en consuelo, nuestro acompañante.

 " Al día siguiente, el espíritu maligno enviado por Dios atacó a Saúl, y éste andaba como loco por toda la casa. Y mientras David tocaba el arpa, como todos los días, Saúl andaba con una lanza en la mano." (1 Samuel 18:10).

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