¿A quién conoces? La historia de la joven israelita

    Todos en algún momento nos hemos sentido incapaces o demasiado pequeños para hacer la diferencia en los lugares donde nos desenvolvemos. A veces, esto sucede porque no nos atrevemos a enfrentarnos a alguien que consideramos más poderoso o grande que nosotros; en otras ocasiones, es porque no creemos que tenemos la capacidad para lograr algo realmente significativo.

  La joven protagonista del pasaje de hoy probablemente también se sintió así. La Biblia nos die que ella estaba cautiva en un país extranjero, es decir, no tenía ningún tipo de poder ni influencia sobre otras personas. Sin embargo, a pesar de que esto podría sonar como una desventaja, en realidad se convirtió en la clave para que el milagro de sanidad ocurriera en la vida de Naamán, un jefe del ejército del rey de Siria.

  Aunque a primera vista, la intervención de la joven en esta historia puede parecer insignificante, en realidad es un recordatorio de que el liderazgo no depende de nuestra posición, sino de nuestras acciones. A pesar de su estatus como esclava, ella sabía que Naamán padecía una grave enfermedad y no se quedó callada. En cambio, compartió la solución con la esposa del militar: " Ojalá el amo fuera a ver al profeta que hay en Samaria, porque él lo sanaría de su lepra."

  ¡Hay mucho que podemos aprender sobre la actitud sobre la actitud de esta joven mujer! 

 " Un día, una joven israelita que las bandas de sirios habían hecho cautiva y la habían puesto al servicio de la esposa de Naamán, le dijo a su señora: Si mi señor acudiera al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra." (2 Reyes 5:2-3).

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