Una vida compasiva
Todos sabemos que la vida de un creyente no es fácil. A pesar de que la paz de Dios reconforta nuestro corazón y nos levanta en medio de la tormenta, es verdad que una vida espiritual saludable requiere que nos mantengamos en la presencia del Señor constantemente. Seguir a Jesús no es obedecerlo simplemente porque sí, también implica permitir que nuestra relación con él transforme cada aspecto de nuestra vida diaria.
Quienes hemos tenido un encuentro real con Jesús entendemos que nunca estaremos solos, el Señor nos acompaña, nos fortalece y da sentido a nuestra existencia por medio de su gracia.
Es por eso que a lo largo de esta semana hemos explorado algunas virtudes esenciales que debemos practicar como creyentes y su importancia en cada aspecto de nuestra vida.
Durante los últimos días hemos aprendido cómo integrar la oración, la santidad, la palabra de Dios y al Espíritu Santo en nuestro día a día, por tanto, hoy profundizaremos en cómo podemos reflejar el amor de Dios a través de una vida compasiva y servicial.
El pasaje de hoy nos recuerda un encuentro muy significativo entre Jesús y Simón el fariseo. La Biblia dice en el Evangelio de Lucas que Simón invitó a Jesús a su casa a una comida, durante la cual una mujer que tenía muy mala fama entre la gente, llegó con un frasco de perfume. Cuando ella se le acercó, el Señor miró al fariseo y le dijo: "¿Ves a esta mujer?"
" Entonces Jesús le dijo: Simón, tengo que decirte algo. Simón dijo: Dime, Maestro. Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientos días de sueldo, y el otro cincuenta. Como ninguno de los dos podía pagarle, les perdonó la deuda a los dos. Ahora, dime: ¿cuál de ellos lo amará más?" (Lucas 7:40-42).
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