Aprende a esperar delante de Dios
Hay momentos en la vida en los que la fe no se mide por lo que hacemos, sino por cómo esperamos.
Esperar revela lo que realmente creemos de Dios. Cuando todo avanza según nuestros planes, es fácil decir que confiamos. Pero cuando el tiempo se alarga, cuando las respuestas no llegan y el silencio se instala, la espera se convierte en un espejo del corazón. Allí se pone a prueba no nuestra fuerza, sino nuestra confianza.
El Salmo 27 nos introduce en ese lugar sagrado y frágil. David no escribe desde la tranquilidad, sino desde la presión. Hay miedo, amenaza e incertidumbre. Y aún así, no huye. Permanece. Ora. Busca el rostro de Dios. La espera, para David, no es pasiva; es relacional. No espera algo de Dios; espera con Dios.
Eso es lo que transforma la espera.
Mientras clama; algo ocurre en su interior. Su oración no cambia las circunstancias; cambia su perspectiva. Poco a poco, la ansiedad da paso a la certeza: "he de ver la bondad del Señor en esta tierra" (versículo 13). La espera se vuelve el lugar donde la fe madura, donde el alma aprende a descansar sin entender.
" ¡Espera en el Señor! ¡Infunde a tu corazón ánimo y aliento! ¡Sí, espera en el Señor!" (Salmo 27:14)
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