Giezi y la inquietud de la codicia

     Una de las áreas en las que más necesitamos crecer no es solo en disciplina ni en conocimiento, sino también en contentamiento. Bíblicamente, el contentamiento no es una resignación pasiva; es una confianza activa. Es apoyar el peso del alma en la certeza de que Dios gobierna todas las cosas, y conocerlo a él es el mayor tesoro que podemos poseer.

   Cuando falta contentamiento, el corazón no permanece en silencio. Se llena de inquietud, inseguridad y una sutil sospecha: " ¿De verdad Dios está siendo bueno conmigo?" Y de esa grieta brotan la avaricia y la envidia. El contentamiento, en cambio, nace de un corazón que todavía sabe maravillarse, porque, en el fondo, es hijo de la gratitud.

  La Escritura no solo nos da ejemplos a seguir; también nos deja advertencias para temblar. La vida de Guiezi es una de ellas. Como siervo de Eliseo, vio la sanidad milagrosa de Naamán. Vio la gracia en acción. Y vio también algo precioso: Eliseo rechazó cualquier recompensa, dejando claro que la gracia de Dios no se compra ni se vende. Pero Guiezi no pudo descansar. Impulsado por el deseo, corrió tras Naamán y mintió, diciendo que Eliseo necesitaba plata y ropa. Recibió más de lo que pidió y luego intentó ocultar su pecado, como si lo escondido dejara de existir.

    Pero nada quedó oculto. Eliseo supo lo ocurrido y la consecuencia fue severa: la lepra que había sido quitada a Naamán cayó sobre Guiezi. Lo que parecía ganancia se convirtió en una pérdida profunda.

  " cuando Guiezi, el criado de Eliseo, varón de Dios, pensó: ¡Vaya! Mi señor no permitió que este sirio, Naamán, le regalara lo que trajo. ¡Pues juro por el Señor, que ahora mismo voy a ir tras él para pedirle que me dé algo!" (2 Reyes 5:20).

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