El antídoto contra la ansiedad

   La ansiedad suele parecer simplemente una reacción natural ante las presiones de la vida. Pero en su nivel más profundo, muchas veces revela algo más: una lucha interior por el control. Cuando intentamos convertirnos en los dueños absolutos de nuestro destino y en los arquitectos de nuestro futuro, el peso de esa responsabilidad nos resulta demasiado pesado.

  Una mente inquieta, el temor constante al mañana y el cansancio que sentimos por dentro muchas veces revelan un corazón que, en silencio, cree que todo depende de nosotros. Como si el mundo pudiera derrumbarse si no fuéramos nosotros quienes sostenemos cada detalle.

  A ese cansancio habla directamente el apóstol Pedro cuando escribe:

" Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes."

 Entregar nuestra ansiedad a Dios no significa desinterés o irresponsabilidad. Tampoco significa ignorar los problemas de la vida. Significa algo mucho más profundo: renunciar a la ilusión de que somos nuestros propios salvadores. Significa reconocer que hay un Dios soberano que sostiene nuestra historia.

  El apóstol Pablo expresa esta misma verdad cuando enseña que la respuesta a la preocupación no es simplemente intentar calmarnos por nuestras propias fuerzas, sino presentar nuestras peticiones a Dios con oración y gratitud. En esencia, la oración es un acto de rendición. Es soltar el control que imaginamos tener y confiar nuevamente en las manos de Dios.

  " Descarguen en él todas sus angustias, porque él tiene cuidado de ustedes." (1 Pedro 5:7).

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