El antídoto contra la tristeza

     Cuando el sufrimiento llega a nuestra vida, generalmente nuestro primer impulso suele ser cuestionar la presencia de Dios y su amor. Pensamos que un Dios Todopoderoso debería protegernos del dolor y comenzamos a sospechar que el sufrimiento es una señal de abandono o castigo.

  Sin embargo, la fe nos revela algo profundamente distinto: el Señor del universo también conoce el dolor. La Escritura lo describe como un varón de dolores, familiarizando con el sufrimiento.

  A veces es fácil recordar los milagros de Jesús: el mar calmado, los panes multiplicados, los enfermos sanados. Pero los Evangelios también nos muestran otra realidad. Jesús vivió rodeado de incredulidad, rechazo y traición por parte de las mismas personas a quienes vino a salvar.

  Todo ese peso alcanzó su punto más profundo en Getsemaní. Allí, en medio de la noche, Jesús confesó a sus amigos más cercanos que su alma estaba profundamente triste, hasta el punto de la muerte.

 ¿Y por qué esta escena es tan consoladora para nosotros?

Porque nos recuerda que no adoramos a un Dios distante. No seguimos a un Maestro que habla del sufrimiento desde lejos. Adoramos a un Dios que entró en nuestro dolor.

  Cuando experimentas tristeza, soledad o desilusión, Jesús no mira tu dolor desde la distancia. Él comprende porque ha caminado desde ese valle.

  " Entonces Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Siéntense aquí, mientras yo voy a orar en aquel lugar. Jesús llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a ponerse triste y muy angustiado. Entonces les dijo: Quédense aquí, y velen conmigo, porque siento en el alma una tristeza de muerte." (Mateo 26:36-38).

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