Tu historia es testimonio

     ¡Tu historia importa! Ese es el mensaje que exploraremos durante los próximos días. Puede que te consideres una persona común y corriente, pero si has visto a Dios obrar en tu vida, llevas contigo algo de gran valor eterno.

   Hoy estamos acostumbrados a pensar en la iglesia en términos de plataformas, influencia o visibilidad. Sin embargo, los primeros seguidores de Jesús no tenían nada de eso. Eran una minoría, muchas veces perseguida, sin poder ni reconocimiento social. Y aún así, la iglesia creció de manera sorprendente.

  ¿ Qué fue lo que impulsó ese crecimiento?

  Habian encontrado al Cristo resucitado y no podían guardar silencio. Sus testimonios, guiados por el Espíritu Santo, comenzaron a transformar las comunidades donde vivían.

  En el pasaje de hoy, Jesús pronuncia sus últimas palabras antes de ascender al cielo: "Recibirán poder cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo y serán mis testigos." 

  Observa algo importante: Jesús no pidió que todos fueran grandes maestros, líderes influyentes o expertos en teología. Los llamó a ser testigos.

   Un testigo simplemente cuenta lo que ha visto y lo que ha experimentado.

   Eso era exactamente lo que los discípulos tenían. No poseían edificios, recursos ni poder político. Solo tenían una historia: habían visto a Jesús morir en la cruz... y lo habían visto vivo nuevamente.

  "Pero cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo recibirán poder, y serán mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra." (Hechos 1:8).

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