Pide al Señor y él hará

   Durante esta semana hemos aprendido sobre la importancia de buscar momentos a solas con Dios y de lo vital que son nuestras verdaderas convicciones para él. En un mundo que nos invita constantemente a medir nuestro valor de acuerdo a las opiniones de los demás, es muy importante hacer las cosas de otra manera.

 Incluso como creyentes, caemos en la trampa de suponer que entre más visibilidad tengan nuestras buenas acciones, mayor será el impacto que tengamos para los demás. No me malentiendas, no digo que sea malo, sin embargo, no podemos pasar por alto que para Dios, todo aquello que se hace fuera de la vista que nos rodean, genera un cambio más grande. La diferencia se marca desde nuestra intimidad con él.

 Aunque hay muchos ejemplos del poder de la oración quiero hablarte de uno en particular. En la costa oeste de Escocia hay un pequeño grupo de islas llamadas Hébridas. Fue en este lugar donde el evangelista Duncan Campbell, lideró un impresionante avivamiento lleno del Espíritu Santo entre 1949 y 1952. No fue su carisma ni su forma de predicar lo que hizo posible que esto sucediera, sino la oración en lo secreto.

"Pero su fama seguía extendiéndose, y mucha gente se reunía para escucharlo y para que sanara de sus enfermedades; pero Jesús se retiraba a lugares apartados para orar." (Lucas 5:15-16).

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