Dios te conoce

   Vivimos en un mundo donde todo parece estar siendo observado. Cámaras en autos, timbres, teléfonos y sistemas de vigilancia registran cada movimiento. Es díficil desplazarse sin ser grabado. Además, de manera invisible, las empresas de tecnología almacenan enormes cantidades de información sobre nosotros: rostros, huellas dactilares, preferencias y patrones. Nunca habíamos sido tan visibles y, para muchos, esa visiblilidad puede resulta inquietante.

 Por ello, al leer en el pasaje de hoy que Dios conoce cada movimiento, cada palabra y cada pensamiento, resulta natural sentir cierta incomodidad. ¿Se trata de una forma más completa de vigilancia? ¿Existe realmente algún lugar donde podamos escondernos?

 Sin embargo, con Dios hay una diferencia esencial. El conocimiento que describe David no produce temor, sino alivio; no genera exposición, sino consuelo.

 La diferencia es clara: los sistemas que nos observan pueden recopilar datos, pero no pueden conocernos de verdad. Registran conocimientos y anticipan decisiones, pero no alcanzan lo más profundo de nuestro ser. Dios, en cambio, ve más allá de esta apariencia. Conoce aquello que nadie más ve: la inseguridad detrás de la confianza, la duda detrás de la certeza, el cansancio detrás de la sonrisa. Y su respuesta no es juicio ni verguenza, sino amor.

 " Señor, tú me has examinado y me conoces; tú sabes cuando me siento o me levanto; ¡desde lejos sabes todo lo que pienso!" (Salmo 139:1-2).

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Cortando el pábilo

Ismael e Isaac

La amistad: un regalo divino