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Mostrando las entradas de julio, 2026

Una oración sorpresiva

   Es fácil pensar que la oración requiere condiciones perfectas: silencio, tranquilidad y tiempo suficiente. Sin duda, esos momentos tienen un valor especial. Pero seamos sinceros: la mayoría de nuestros días no se parecen a eso.   Nehemías lo entendía bien.  Cuando llegamos al pasaje de hoy, no lo encontramos retirado en un lugar tranquilo. Está liderando una ciudad, resolviendo conflictos, tomando decisiones difíciles y supervisando la reconstrucción de Jerusalén. Su vida está llena de responsabilidades y exigencias.  Y, sin embargo, en medio de todo eso, eleva una sencilla oración: "¡Recuerda, Dios mío, todo lo que he hecho por este pueblo, y favoréceme!" (versículo 19). Lo sorprendente es que esta no fue una excepción. A lo largo de todo el libro encontramos pequeñas oraciones como esta. Son breves, sencillas y aparecen en medio de la acción. Nehemías había aprendido algo que muchos de nosotros olvidamos: la oración no siempre requiere apartarse de la vida....

Una oración desde el suelo

   ¿Alguna vez has llegado al punto en que ya no te quedan fuerzas para seguir?    ¡Elías si!  Horas antes había contemplado cómo Dios enviaba fuego del cielo sobre el monte Carmelo. Había visto una de las demostraciones más extraordinarias del poder de Dios. Sin embargo, bastó una amenaza de Jezabel para que terminara solo en el desierto, agotado, asustado y deseando que todo acabara.  Y fue bajo la sombra de un arbusto que Elías pronunció una de las oraciones más oscuras de toda la Escritura:  " ¡Estoy harto, Señor! Quítame la vida" (versículo 4).  No es una oración ejemplar; tampoco está llena de fe ni de esperanza. Es el clamor sincero de un hombre que ha llegado al límite.  Y precisamente ahí encontramos la belleza de esta historia.  Porque el consuelo de este pasaje no está en quien ora, sino en el Dios que escucha.   " Se internó en el desierto y, después de caminar todo un día, se sentó a descansar bajo un enebro. Con deseos...

Una oración sin palabras

   Muchos de nosotros hemos experimentado ambientes de iglesia llenos de sonido: música vibrante, voces elevadas y oraciones apasionadas. Y no hay nada malo en ello. La adoración expresada con alegría puede ser hermosa.   Sin embargo, a veces podemos llegar a creer, sin darnos cuenta, que las palabras más fuertes son las que captan la atención de Dios.   Ana sabía que no era así. Cuando la encontramos en el pasaje de hoy, lleva años cargando con una profunda tristeza. El anhelo de tener un hijo y las heridas acumuladas por la espera habían agotado su corazón. Una vez más, llega al templo en busca del Señor.   Entonces ocurre algo extraordinario. Ana ora, pero nadie puede escucharla.   Sus labios se mueven, pero no sale ningún sonido. Su dolor es tan profundo que las palabras parecen quedarse cortas. Elí observa la escena y la interpreta mal. Piensa que está ebria. No imagina, que delante de sus ojos, está ocurriendo uno de los encuentros más since...

La oración que abrió el paraíso

   Si alguien quisiera diseñar una clase magistral sobre la oración, probablemente no comenzaría con la escena que encontramos en el pasaje de hoy.  Lo más natural sería buscar a una persona con una sólida formación teológica o a alguien reconocido por su profunda vida devocional. Quizá estudiaría las grandes oraciones escritas a lo largo de la historia como Agustín, los puritanos o los místicos y admiraría la manera en la santidad puede expresarse con tanta profundidad y belleza.   Lo que difícilmente haría sería sentarse junto a un criminal clavado en una cruz romana y a pocos instantes de la muerte, para decir: " Observemos cómo este hombre ora."   Y, sin embargo, eso es exactamente lo que encontramos en el pasaje de hoy. Aquí se registra una de las oraciones más breves de toda la Biblia. No contiene una larga introducción, una explicación doctrinal elaborada ni señales de una vida religiosa ejemplar. Es simplemente un hombre moribundo que vuelve su rost...

Cuando Cristo camina sobre tu tormenta

   Después de alimentar a miles de personas, Jesús alcanzó uno de los momentos de mayor popularidad de su ministerio. La multitud quedó tan impresionada que quiso proclamarlo rey por la fuerza. Sin embargo, Jesús se apartó de ellos y envió a sus discípulos a cruzar el mar de Galilea.   Aquella decisión no fue accidental. Jesús sabía exactamente lo que les esperaba en el camino. Mientras avanzaban sobre el lago, una fuerte tormenta se levantó. El viento soplaba con violencia y las olas golpeaban la barca. Lo más inquietante era que Jesús no estaba con ellos.  Al menos, eso parecía.  Muchas veces vivimos experiencias similares. Obedecemos a Dios, procuramos caminar en su voluntad y , aún así, enfrentamos dificultades que no entendemos. En esos momentos es fácil preguntarnos dónde está Dios o por qué permite que atravesemos ciertas tormentas.  Pero el relato nos muestra algo importante: los discípulos estaban exactamente donde Jesús les había pedido que estuvi...

Lo poco en tus manos, lo imposible en las suyas

    A medida que el ministerio de Jesús crecía, multitudes cada vez mayores lo seguían. Muchos venían atraídos por sus enseñanzas; otros, por los milagros que realizaba. En cierta ocasión, una enorme multitud permaneció con él durante horas, y Jesús, movido por compasión, decidió atender no solo su necesidad espiritual, sino también su hambre.  Entonces surgió una pregunta aparentemente imposible: ¿cómo alimentar a miles de personas en un lugar tan apartado?  Los discípulos comenzaron a ver la situación desde una perspectiva humana. Felipe hizo cálculos y concluyó que ni siquiera una gran cantidad de dinero sería suficiente para alimentar a todos. Andrés encontró a un muchacho con cinco panes y dos peces, pero incluso él reconoció lo insignificante que aquello parecia frente a una multitud tan grande.    Sin embargo, Jesús veía algo que ellos todavía no podían ver. Lo que parecía insuficiente en manos humanas se convirtió en abundancia cuando fue puesto en ...

Cuando Jesús se acerca al que ya no puede más

   El pasaje de hoy nos presenta la tercera señal del Evangelio de Juan. Cerca del estanque de Betesda se encontraba un hombre que había vivido enfermo durante treinta y ocho años. Durante décadas había esperado una oportunidad de ser sanado, pero su condición le impedía alcanzar aquello que tanto anhelaba. Sin fuerzas, sin recursos y sin nadie que pudiera ayudarlo, parecía haber llegado al final de toda esperanza.  Entonces Jesús se acercó a él.  Es interesante notar que, entre una multitud de personas enfermas, Jesús fue dierctamente hacia aquel hombre. No esperó que él lograra acercarse. No le pidió que demostrara su capacidad. Tampoco ignoró su sufrimiento. Jesús tomó la iniciativa y entró en la historia de alguien que ya no tenía fuerzas para cambiar su propia situación.  Después de escuchar su respuesta, le dijo: "Levántate, recoge tu camilla y anda." Y en ese mismo instante, aquel hombre fue completamente sanado.  Este milagro nos recuerda una verdad...

Creer antes de ver

   Una vez más, Jesús regreso a Caná de Galilea. Allí fue buscado por un funcionario real que atravesaba una situación desesperante. A pesar de su posición, influencia y recursos, había algo que no podía controlar: su hijo estaba gravemente enfermo y al borde de la muerte.   Seguramente había agotado todas las alternativas a su alcance. Cuando las soluciones humanas llegan a su límite, decidió acudir a Jesús. Lo buscó con urgencia y le rogó que sanara a su hijo.  Sin embargo, aquel hombre tenía una idea que muchos todavía tenemos hoy: que Jesús debía estar físicamente presente para actuar. Creía que la solución dependía de que el Señor llegara a su casa antes de que fuera demasiado tarde.   Pero Jesús respondió de una manera sorprendente:  "Vuelve a casa, que tu hijo vive."   No lo acompañó. No realizó ningún gesto visible. Simplemente habló. Y entonces ocurrió el verdadero milagro del pasaje de hoy: aquel hombre creyó la palabra de Jesús.  " Jesú...

Más que milagros

   Esta semana reflexionaremos sobre los milagros de Jesús en el Evangelio de Juan. Sin embargo, Juan los llama señales porque no fueron demostraciones de poder. Cada una revela algo profundo sobre quién es Jesús. A través de ellas, descubrimos que él no es solamente un maestro extraordinario, sino también el Hijo de Dios que vino a traer vida al mundo.   La primera de estas señales ocurrió durante una boda en Caná de Galilea. Jesús estaba alló con sus discípulos, participando de una celebración común. Este detalle es significativo. Nuestro Señor no vivía distante de las personas ni desconectado de su realidad. Estaba presente en las mesas, en las conversaciones, en los momentos de alegría y también en medio de las preocupaciones más cotidianas.  En medio de la fiesta surgió un problema inesperado: el vino se acabó. Para los anfitriones, aquello representaba una gran verguenza. Entonces Jesús realizó su primer milagro, transformando agua en vino , y no en cualquier v...

Avivando el fuego con gratitud

  La insatisfacción puede aparecer en nuestra vida repentinamente y apoderarse de nosotros, ardiendo como un fuego intenso en el corazón. Es inevitable no sentirnos de esta manera tarde o temprano. Pero entonces, ¿qué podemos hacer para lidiar con ese sentimiento de insatisfacción? Permíteme sugerirte algo en lo que tal vez no habías pensado: practica la gratitud.  Esto podría sonar como si estuviéramos apagando ese fuego con agua fría. Pero, ¿y si la gratitud, en lugar de extinguirlo, lo avivara como un soplete?  ¿Cómo puede ser esto posible? Practicar la gratitud cada día nos ayuda a ver con claridad qué es lo que realmente nos proporciona alegría.  De niños, nos enseñan que, en caso de incendio, no debemos abrir una puerta sin antes comprobar si está caliente. Si lo está, es mejor no abrirla. Pues bien, la gratitud es como tocar esas puertas en nuestro corazón, notando cuáles están frías y cuáles arden con calor. Pero, a diferencia de un incendio, aquí buscamos la...

Dios quiere que seas feliz

   Muchos de nosotros llevamos oculto en el corazón: "Dios no quiere que seas feliz." Al leer el versículo 5 del pasaje de hoy, podríamos pensar que nuestras sospechas se confiman cuando leemos: " Conténtense con lo que tienen."   Esto nos lleva a preguntarnos: ¿desear más es incorrecto? ¿Acaso sentirse insatisfecho es malo?   Curiosamente, Eva experimentó ese mismo temor en el Jardín del Edén. Creyó que Dios la estaba privando del árbol del conocimiento y quizás se preguntó: "¿De verdad Dios me ama?". Esa duda no salió sola; fue sembrada por la serpiente, quien le insinuó: "Dios sabe muy bien que cuando coman de ese árbol se les abrirán los ojos y serán como Dios."   Al igual que Eva, nosotros también enfrentamos ese temor que nace de una mentira. Nos asalta la duda: ¿Dios me ama y proveerá todo lo que necesito? ¿Puedo confiar plenamente en que él cuidará de mí?  Aunque Hebreos no habla sobre el árbol del conocimiento, sí nos dice que la ten...

Alimentando nuestra insatisfacción

  Si un carro pudiera sentir insatisfacción, ¿cómo lo resolvería? La pregunta puede parecer extraña, pero considerémosla por un momento. Piensa en tu auto favorito. ¿Qué necesita para funcionar correctamente? Probablemente dos cosas esenciales: combustible y un conductor.   Un carro sin conductor está desorientado, sin un destino claro y sin combustible; está paralizado, incapaz de moverse hacia cualquier dirección. Sin ambos, no puede cumplir con el propósito para el que fue diseñado.  Ahora pensemos en nosotros. ¿Qué es lo que realmente anhelamos cuando sentimos insatisfacción? Al igual que un auto, necesitamos algo que nos impulse y algo que nos guíe. Todos tenemos muchos deseos, pero a veces llenamos nuestra mente y corazón con cosas que no nos conducen hacia nuestro verdadero destino. Como un carro sin conductor o sin combustible, nos encontramos desorientados o paralizados, sin avanzar hacia lo que realmente importa.   ¿Cómo saber entonces cuáles de nuestr...

Permite que la insatisfacción te guíe

    Cuando llegas al aeropuerto, lo notas de inmediato: el sonido característico de los aviones, el bullicio de las bocinas y el caos del tráfico. Al entrar, la prisa se hace palpable. La gente avanza por los controles de seguridad; algunos se desplazan por las cintas transportadoras, mientras otros corren. Finalmente, en la puerta de embarque, muchos se sumergen en sus libros o en la pantalla de sus teléfonos, buscando cualquier forma de evadir el presente. El aeropuerto se convierte en un reflejo de una verdad más profunda: todos, de alguna manera, queremos estar en otro lugar buscando siempre lo que sigue, como si el momento actual no fuera suficiente.  En ocasiones, la vida se siente exactamente así. Estamos en constante espera de lo que sigue: un nuevo trabajo, un hogar, una relación, un hijo. Buscamos el camino más rápido para llegar a ese destino anhelado. Y, mientras tanto, intentamos llenar el vacío con distracciones, buscando cualquier forma de hacer que el tiem...

Su palabra es fuego ardiente

   "No puedo conseguir satisfacción", o como Mick Jagger lo diría: "I can,t get no satisfaction", una famosa canción de los Rolling Stones que resuena hasta ahora, porque todos, de alguna forma, conocemos ese sentimiento. Incluso el profeta Jeremías lo entendía, pero lo expresó de manera más poética cuando escribió: "Su palabra en mi interior se vuelve un fuego ardiente que me cala hasta los huesos. He hecho todo lo posible por contenerla, pero ya no puedo más."   Todos, sin excepción, hemos tenido la sensación de que nos falta algo, como si hubiera un vacío que no podemos llenar en nuestra vida. Sin embargo, la Biblia nos anima a buscar contentamiento y aceptar nuestras circunstancias, al mismo tiempo nos recuerda que en ocasiones es inevitable sentir insatisfacción, pues esta forma parte de nuestra experiencia. Por ello, esta semana quiero invitarte a reflexionar en esta insatisfacción, no en la que canta los Rolling Stones, sino en aquel sentimiento que...

Obrando desde la gratitud

   La parábola de los trabajadores de la viña confronta una de las luchas más silenciosas del corazón humano: la comparación.   Jesús cuenta la historia de un propietario que salió muy temprano a contratar obreros para trabajar en su viñedo. Acordó pagarles un denario por el día completo, un salario justo y generoso para la época. Sin embargo, a lo largo del día siguió llamando a más trabajadores, incluso cuando faltaba muy poco para terminar la jornada.  Al llegar la noche, todos recibieron exactamente la misma paga.   Entonces comenzaron las quejas.  Los que habían trabajado desde temprano pensaban que merecían más que quienes habían llegado al final. Desde su perspectiva, la generosidad del dueño parecía injusta. Pero el problema no estaba en el salario recibido, sino en la comparación que había surgido entre ellos. Y ahí Jesús revela algo profundo sobre el corazón humano.  " Asi que los primeros serán los últimos, y los últimos serán los primeros."...

Trabajando para la eternidad

    La parábola del administrador astuto puede parecer incómoda al principio. Jesús cuenta la historia de un hombre acusado de malgastar los bienes de su señor. Cuando descubre que perderá su puesto, reacciona con rapidez para asegurar su futuro. Y aunque sus acciones no se presentan como un modelo de integridad, Jesús sí destaca algo importante; su capacidad para actuar con urgencia al comprender la gravedad de su situación.   Ese es el centro de la enseñanza. Aquel hombre entendió que no podía seguir viviendo como si nada estuviera pasando. Sabía que debía tomar decisiones mientras aún tenía tiempo. Y justamente ahí Jesús dirige nuestra atención hacia la vida espiritual.  Con frecuencia, las personas viven distraídas, ocupadas únicamente en resolver lo inmediato, ganar más, producir más o sostener rutinas que consumen lentamente el corazón. Se piensa que siempre habrá otro momento para buscar más a Dios, para ordenar prioridades, para sanar relaciones o para vivir ...

¿Tu corazón es tierra fértil?

   La palabra de Dios tiene el poder de transformar profundamente una vida. Ella consuela, confronta, corrige, exhorta y fortalece el corazón. A través de ella, el Espíritu Santo obra en nosotros y produce vida espiritual. Pero Jesús deja claro en esta parábola que no basta con escuchar la palabra; también importa la manera en que el corazón la recibe.    Por eso habló del sembrador. La semilla siempre era buena. El problema nunca estuvo en la semilla, sino en el terreno en el que caía.  Parte cayó junto al camino. Era una tierra endurecida en la que semilla no podía penetrar. Representa el corazón que escucha, pero permanece cerrado. La palabra llega al oído, pero nunca desciende al interior. Otra parte cayó entre piedras. Allí brotó rápidamente, pero no tenía profundidad. Cuando llegaron el calor y las dificultades, la planta se secó. Jesús muestra cómo algunas personas reciben la palabra de Dios con entusiasmo momentáneo, pero sin raíces profundas que las sos...

Luces falsas

   La parábola del hijo pródigo revela algo profundamente humano: el corazón puede engañarse fácilmente al creer que la verdadera felicidad está lejos de Dios. Jeremías escribió que "el corazón es engañoso," y esta historia muestra cómo una persona puede alejarse, pensando que encontrará libertad, satisfacción y plenitud por sus propios caminos.   El hijo menor tenía hogar, cuidado y un padre que lo amaba. Pero llegó el momento en que todo aquello dejó de parecerle suficiente. Pensó que la vida verdadera estaba lejos de casa, así que pidió la herencia y decidió vivir según sus propios deseos.  Al principio, seguramente todo parecía emocionante. Nuevas experiencias, independencia y una aparente sensación de libertad. Pero las luces que el pecado enciende siempre terminan apagándose. Lo que parecía prometedor comenzó a derrumbarse lentamente. El dinero se acabó, llegó la escasez y aquel joven terminó cuidando cerdos y deseando comer lo mismo que ellos.  Fue en med...

A quién debemos amar

    Para comprender plenamente la parábola del buen samaritano, es importante conocer el contexto entre judíos y samaritanos en la época de Jesús. Existía una separación profunda marcada por prejuicios culturales, religiosos e históricos.   Después de la invasión asiria del norte del reino de Israel, Samaria pasó a ser habitada por distintos pueblos, lo que dio origen a una comunidad considerada impura por muchos judíos. Con el paso del tiempo, el rechazo entre ambos grupos creció hasta convertirse en una enemistad muy marcada.  Por eso, dentro del relato de Jesús, resulta sorprendente que el samaritano sea precisamente quien actúe con compasión. Mientras otras personas pasan de largo frente al hombre herido, él decide detenerse, cuidar sus órdenes y hacerse responsable de su recuperación.  La enseñanza de Jesús va más allá de identificar quién merece ayuda. La verdadera pregunta es quién está dispuesto a actuar con amor y misericordia hacia el otro.  Este ...

Deja que Dios transforme tus pensamientos

  Con frecuencia, resulta díficil aceptar que una persona realmente puede cambiar. Vivimos en una cultura donde los juicios suelen ser rápidos y donde muchas veces las personas quedan marcadas por su pasado.  Sin embargo, la Escritura muestra constantemente que Dios tiene el poder de transformar vidas.  En el pasaje de hoy, la atención suele centrarse en la conversión de Saulo. Y no es para menos. Su encuentro con Jesús cambió por completo el rumbo de su vida. Pero junto a esa historia también aparece la experiencia de Ananías, un discípulo común que tuvo que aprender a confiar en lo que Dios estaba haciendo.   Cuando el Señor le pidió que fuera a buscar a Saulo, Ananías reaccionó con temor. Había oído hablar de todo el daño que aquel hombre había causado a los creyentes en Jerusalén. Desde una perspectiva humana, sus dudas eran completamente razonables.    Saulo representaba peligro, dolor y persecución.  Pero Dios respondió mostrándole que estaba obr...

Cómo seguir adelante cuando todo se desmorona

   Es fácil mirar el libro de los Hechos y enfocarse únicamente en los milagros, el crecimiento de la iglesia y la expansión del evangelio. Sin embargo, la historia de los primeros cristianos también estuvo marcada por momentos de dolor, incertidumbre y sufrimiento.   El pasaje de hoy describe uno de esos momentos díficiles. Tras la muerte de Esteban, comenzó una intensa persecución contra la iglesia en Jerusalén. Muchos creyentes tuvieron que abandonar sus hogares y separarse de la comunidad que habían construido. Lo que parecía estable cambió de un momento a otro.  Seguramente hubo temor, tristeza y muchas preguntas sin respuesta.  Pero en medio de aquella crisis, Dios continuó obrando.  El pasaje de hoy dice que los creyentes dispersos siguieron anunciando el mensaje de Jesús por donde iban. Lo que parecía una derrota terminó convirtiéndose en una oportunidad para que el evangelio llegara a nuevos lugares. " Mientras tanto, los que se habían dispersado i...