El silencio de Dios no es ausencia

   ¿Has atravesado un tiempo en el que Dios parece distante o completamente en silencio?

 Es una experiencia que muchos reconocemos. La lectura de la Biblia puede sentirse sin vida, y la oración, como palabras que no reciben respuesta. Es desconcertante para cualquier creyente y, sin embargo, se habla poco al respecto.

  Elías conoció en profundidad este tipo de experiencia. En el pasaje de hoy lo encontramos agotado, ansioso y apenas resistiendo. Se refugia en una cueva, convencido, con una mezcla de cansancio y amargura, de que es el único que permanece fiel.

   Cuando Dios rompe el silencio, la respuesta de Elías es directa y sin reservas. No intenta ocultar su estado, sino que expresa lo que lleva dentro: "He sentido un vivo celo por el Señor Dios Todopoderoso... yo soy el único que ha quedado, y ahora quieren matarme también." En sus palabras se mezclan el dolor, la decepción y el temor.

   Dios no reprende esa honestidad. No se defiende ni ofrece una explicación inmediata. En cambio, conduce a Elías a una nueva perspectiva.

  " Entonces el Señor le dijo: Sal de tu cueva y espérame en el monte, delante de mí. Elías pudo sentir que el Señor estaba pasando, porque se desató un viento poderoso que a su paso desgajaba los montes y partía las rocas. Pero el Señor no estaba en el huracán. Tras el viento vino un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego. Pero el Señor tampoco estaba en el fuego, Luego vino un silbo apacible y delicado, y cuando Elías lo percibió, se cubrió el rostro con su manto y se quedó a la entrada de la cueva; entonces escuchó una voz que le preguntaba: ¿Qué haces aquí, Elías? " (1 Reyes 19:11-13).

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