Cuando Cristo camina sobre tu tormenta

   Después de alimentar a miles de personas, Jesús alcanzó uno de los momentos de mayor popularidad de su ministerio. La multitud quedó tan impresionada que quiso proclamarlo rey por la fuerza. Sin embargo, Jesús se apartó de ellos y envió a sus discípulos a cruzar el mar de Galilea.

  Aquella decisión no fue accidental. Jesús sabía exactamente lo que les esperaba en el camino.

Mientras avanzaban sobre el lago, una fuerte tormenta se levantó. El viento soplaba con violencia y las olas golpeaban la barca. Lo más inquietante era que Jesús no estaba con ellos.

 Al menos, eso parecía.

 Muchas veces vivimos experiencias similares. Obedecemos a Dios, procuramos caminar en su voluntad y , aún así, enfrentamos dificultades que no entendemos. En esos momentos es fácil preguntarnos dónde está Dios o por qué permite que atravesemos ciertas tormentas.

 Pero el relato nos muestra algo importante: los discípulos estaban exactamente donde Jesús les había pedido que estuvieran. 

  La tormenta no era una señal de abandono.

  Era una señal de oportunidad para descubrir quién era realmente aquel a quién seguían.

  " Habrían remado unos cinco kilómetros cuando vieron a Jesús caminar sobre el lago y acercarse a la barca. Y tuvieron miedo. Pero él les dijo: Yo soy; no teman." (Juan 6:19-20).

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