La oración que abrió el paraíso

   Si alguien quisiera diseñar una clase magistral sobre la oración, probablemente no comenzaría con la escena que encontramos en el pasaje de hoy.

 Lo más natural sería buscar a una persona con una sólida formación teológica o a alguien reconocido por su profunda vida devocional. Quizá estudiaría las grandes oraciones escritas a lo largo de la historia como Agustín, los puritanos o los místicos y admiraría la manera en la santidad puede expresarse con tanta profundidad y belleza.

  Lo que difícilmente haría sería sentarse junto a un criminal clavado en una cruz romana y a pocos instantes de la muerte, para decir: " Observemos cómo este hombre ora." 

 Y, sin embargo, eso es exactamente lo que encontramos en el pasaje de hoy.

Aquí se registra una de las oraciones más breves de toda la Biblia. No contiene una larga introducción, una explicación doctrinal elaborada ni señales de una vida religiosa ejemplar. Es simplemente un hombre moribundo que vuelve su rostro hacia Jesús y le dice: "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino."

  Apenas ocho palabras, pero suficientes para expresar todo lo que había en su corazón.

 La respuesta de Jesús a ese clamor sincero nos enseña todo lo que necesitamos saber sobre la oración. No le dice: " Vuelve cuando hayas puesto tu vida en orden", ni le pide más fe ni más obras. Simplemente responde: "Hoy estarás conmigo en el paraíso."

   " Y a Jesús le dijo: Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso." (Lucas 23:42-43).

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