Luces falsas
La parábola del hijo pródigo revela algo profundamente humano: el corazón puede engañarse fácilmente al creer que la verdadera felicidad está lejos de Dios. Jeremías escribió que "el corazón es engañoso," y esta historia muestra cómo una persona puede alejarse, pensando que encontrará libertad, satisfacción y plenitud por sus propios caminos.
El hijo menor tenía hogar, cuidado y un padre que lo amaba. Pero llegó el momento en que todo aquello dejó de parecerle suficiente. Pensó que la vida verdadera estaba lejos de casa, así que pidió la herencia y decidió vivir según sus propios deseos.
Al principio, seguramente todo parecía emocionante. Nuevas experiencias, independencia y una aparente sensación de libertad. Pero las luces que el pecado enciende siempre terminan apagándose. Lo que parecía prometedor comenzó a derrumbarse lentamente. El dinero se acabó, llegó la escasez y aquel joven terminó cuidando cerdos y deseando comer lo mismo que ellos.
Fue en medio de ese vacío cuando finalmente recapacitó. Comprendió cuánto se había alejado y decidió volver. No regresó exigiendo derechos ni justificando sus errores. Volvió reconociendo su necesidad.
Y entonces ocurre una de las escenas más hermosas de toda la Escritura: el padre lo vio desde lejos y corrió hacia él. No hubo rechazo, humillación ni una lista de acusaciones. Hubo abrazo, compasión y restauración.
" Pero el padre le dijo a sus siervos: Traigan la mejor ropa, y vístanlo. Pónganle también un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Vayan luego a buscar el ternero gordo, y mátenlo; y comamos y hagamos fiesta, porque este hijo mío estaba muerto, y ha revivido; se había perdido, y lo hemos hallado. Y comenzaron a regocijarse." (Lucas 15:22-24).
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