¿Tu corazón es tierra fértil?
La palabra de Dios tiene el poder de transformar profundamente una vida. Ella consuela, confronta, corrige, exhorta y fortalece el corazón. A través de ella, el Espíritu Santo obra en nosotros y produce vida espiritual. Pero Jesús deja claro en esta parábola que no basta con escuchar la palabra; también importa la manera en que el corazón la recibe.
Por eso habló del sembrador. La semilla siempre era buena. El problema nunca estuvo en la semilla, sino en el terreno en el que caía.
Parte cayó junto al camino. Era una tierra endurecida en la que semilla no podía penetrar. Representa el corazón que escucha, pero permanece cerrado. La palabra llega al oído, pero nunca desciende al interior.
Otra parte cayó entre piedras. Allí brotó rápidamente, pero no tenía profundidad. Cuando llegaron el calor y las dificultades, la planta se secó. Jesús muestra cómo algunas personas reciben la palabra de Dios con entusiasmo momentáneo, pero sin raíces profundas que las sostengan en los tiempos difíciles.
También hubo semilla que cayó entre espinos. Comenzó a crecer, pero las preocupaciones, los afanes, el deseo de otras cosas y las distracciones de esta vida terminaron por ahogarla poco a poco. El corazón comenzó a dividirse, y aquello que debía pertenecer a Dios se fue ocupando de otras prioridades.
Pero una parte cayó en buena tierra. Allí la semilla echó raíces, creció y dio fruto abundantemente. Ese terreno representa el corazón que escucha la palabra, la guarda y persevera en ella.
" De cada ciudad acudía gente para ver a Jesús. Al reunirse una gran multitud, Jesús les relató esta parábola: El sembrador salió a sembrar su semilla. Mientras sembraba, parte de ella cayó junto al camino, y fue pisoteada y las aves del cielo se la comieron. Otra parte cayó sobre las piedras, pero al brotar se secó por falta de humedad. Otra parte cayó entre los espinos, pero la ahogaron los espinos que brotaron con ella. Otra parte cayó en buena tierra; y brotó y produjo una cosecha del ciento por uno. Y levantando la voz, dijo: El que tenga oídos para oír, que oiga. " (Lucas 8:4-8).
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