Los dones

   En la vida, a menudo nos vemos obligados a hacer distinciones y a elegir entre dos cosas: tiene que ser esto o aquello, en lugar de ambos. ¿Coca-cola o Pepsi? ¿Ver una película o ir al teatro? ¿Burger KIng o McDonald,s? Cuando se trata de los dones espirituales, a veces vemos que la gente hace una distinción entre tener un gran carisma o un gran carácter, sin embargo en este caso, podemos elegir ambos.

 La Escritura nos exhorta continuamente a crecer en los dones del Espíritu y, al hacerlo, reflejar el carácter de Cristo, que por naturaleza es carismático. Necesitamos dones y piedad. En pocas palabras, los dones determinan a la iglesia, pero la piedad determina a quienes poseen dichos dones. Precisamente porque provienen de la gracia divina, no debe existir arrogancia, ostentación o superioridad. Porque Dios nos ha concedido por gracia los dones, debemos vivir honrando a ese Dios lleno de gracia. Cualquier logro que se consiga a través de estos dones evidencia más de lo que se nos ha entregado que lo que hemos logrado.

 Los creyentes son redimidos por gracia, viven por gracia, reciben dones por gracia. Por lo tanto, ¿qué tenemos que no se nos haya dado? La gracia no deja lugar al orgullo, sino a la inmensa gratitud. No podemos alegar ningún mérito propio. Al que más se le ha dado, debe ser el más humilde ante Dios.

 " Pero la manifestación del Espíritu le es dada a cada uno para provecho." (1 Corintios 12:7)

Comentarios

Entradas más populares de este blog

María, un ejemplo de obediencia

Poderoso para guardarte

No ames el mundo