Cuando el atajo parece el mejor camino

  Hay algo conmovedor en el pasaje de hoy.

Antes de dar cualquier advertencia, Salomón habla como un padre que ama profundamente a su hijo.

"Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre." 

 No son palabras de alguien que intenta controlar. Son las palabras de alguien que quiere proteger.

Porque quienes han vivido lo suficiente saben algo que los más jóvenes aún están aprendiendo: no todos los caminos conducen al lugar que prometen.

Por eso, después de hallar sobre la sabiduría que recibe de sus padres, Salomón añade una advertencia sencilla y directa:

 "Hijo mío, si los pecadores quieren engañarte, no vayas con ellos."

 Es interesante que Salomón no describa una amenaza evidente. No habla de algo que parezca peligroso a primera vista. La tentación rara vez funciona así.

 " Atiende, hijo mío, las correcciones de tu padre, y no menosprecies las enseñanzas de tu madre" (Proverbios 1:8).

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