El arte perdido de la reverencia
La reverencia parece ser algo cada vez más extraño en nuestra cultura actual. Hoy en día, desconfiamos de la autoridad, el respeto hacia los mayores ha disminuido y muchas veces cuestionamos por qué alguien merece nuestra consideración. Incluso cuando pensamos en Dios, a menudo lo vemos como un Padre amoroso o un amigo cercano, pero nos cuesta recordarlo como un Rey santo y perfecto. Sin embargo, aunque Dios sí es nuestro Padre y amigo, nunca debemos olvidar que también es nuestro Creador soberano.
Imagina que te invitan a reunirte con un jefe de Estado, un monarca o un primer ministro. ¿Cómo te prepararías para ese encuentro? Seguramente llegarías puntual, cuidarías tu apariencia y tu comportamiento, y sobre todo mostrarías respeto. De ninguna manera harías bromas ni actuarías de forma casual ante alguien tan importante, ¿verdad?
Ahora, medita en esto: si reaccionamos así ante líderes humanos, ¿cuánto más deberíamos honrar con nuestra conducta y nuestras palabras al Creador del universo?
El pasaje de hoy nos presenta una imagen clara de lo que significa reverenciar al Señor. En su visión profética, Isaías ve a Dios "excelso y sublime", rodeado de seres celestiales que claman: "Santo, santo, santo es el SEÑOR Todopoderoso." Todo a su alrededor tiembla, e Isaías queda abrumado por la gloria de Dios. En ese momento, consciente de su pecado, cae el suelo en humildad y asombro. Si bien esta escena es poderosa, también es un recordatorio de la santidad de Dios y de la reverencia que él merece.
" En el año que murió el rey Uzías, yo vi al Señor sentado sobre un trono alto y sublime. El borde de su manto cubría el templo." (Isaías 6:1).
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