Trabajando con propósito

   Es curioso que una de las lecciones más importantes sobre la sabiduría provenga de una criatura tan pequeña.

  Salomón dirige nuestra atención hacia una hormiga. No hacia un rey, ni hacia un guerrero y tampoco hacia un sabio reconocido. Hacia una hormiga.

 Y lo que la hace digna de observación no es su fuerza ni su inteligencia extraordinaria. Es su diligencia.

 La hormiga trabaja sin que nadie tenga que perseguirla. No necesita supervisión constante. No espera a sentirse inspirada. Simplemente hace con fidelidad aquello para lo que fue creada.

 Por eso Salomón nos invita a mirarla. Porque existe una diferencia importante entre tener responsabilidades y vivir con propósito.

 Muchas personas pasan sus días ocupadas, pero no necesariamente avanzan. Corren de una tarea a otra, cumplen horarios, responden mensajes y atienden compromisos, pero terminan la jornada con la sensación de que algo sigue faltando. 

 " Perezoso, mira a las hormigas; fíjate en sus caminos, y ponte a pensar. Ellas no tienen quien las mande, ni quien les dé órdenes ni las gobierne. " (Proverbios 6:6-7).

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