Una vida dispersa

   ¿Te sientes distraído o distraída hoy?

¿Cómo si tu mente nunca terminara de descansar o como si siempre hubiera algo reclamando tu atención?

No eres el único ni la única.

 Vivimos en un mundo diseñado para fragmentar nuestra atención. Cada notificación, cada pantalla y cada preocupación compiten por ocupar un lugar en nuestro corazón. Y poco a poco terminamos aceptando esa dispersión como si fuera normal.

 Pero Dios nunca nos creó para vivir así.

 Durante esta semana vamos a recuperar algo que quizá ni siquiera sabíamos que habíamos perdido: una atención capaz de permanecer en la presencia de Dios.

 Sin embargo, antes de cambiar nuestros hábitos, necesitamos comprender algo mucho más profundo.

 La distracción no es simplemente un problema de disciplina.

  Es un problema de adoración.

Cada día, algo está formando nuestro corazón. Todo aquello a lo que prestamos atención va moldeando nuestros deseos, nuestros pensamientos y, finalmente, la persona en la que nos convertimos.

  " Pues donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón." (Mateo 6:21).

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