Jesús perdona y sana a un paralítico

    Hoy escuchamos la historia de unos hombres llenos de preocupación y amor, que están dispuestos a todo para presentar a su amigo ante Jesús, en un acto de fe y perseverancia. Sin embargo, en medio de todo esto, Jesús desafía las expectativas, tanto de los amigos del hombre paralítico como las nuestras al redefinir el concepto de sanidad.

   Imagina la sorpresa y la confusión que los amigos del hombre paralítico debieron experimentar cuando Jesús, el gran maestro, que ya había realizado milagros y maravillas en toda la región, en lugar de solo sanar físicamente a su amigo, declaró que sus pecados estaban perdonados.

 Esto debió desconcertar a todos quienes estaban presentes. Definitivamente no era lo que habían esperado o anticipado. Pero Jesús, en su sabiduría, optó por utilizar este momento para demostrar públicamente su autoridad, no solo al curar enfermedades físicas, sino también para perdonar pecados.

  Jesús ya había realizado milagros de sanidad física, pero esta era la primera vez que perdonaba, abiertamente, los pecados de alguien. Al hacer esto, Jesús estaba anunciando que su ministerio trascendía la sanidad física; él era capaz de borrar el mal más profundo y dañino de la humanidad: el pecado. Jesús podría haber simplemente declarado al hombre libre de su parálisis, pero eligió ir más allá y demostrar que también podía ofrecerle sanidad espiritual. Sólo hay que acercarnos a Él ya que desea perdonarnos más allá de nuestras necesidades físicas.

  " Allí le llevaron un paralítico, tendido sobre una camilla. Cuando Jesús vio la fe de ellos, le dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; los pecados te son perdonados." (Mateo 9:2).

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