Creer antes de ver
Una vez más, Jesús regreso a Caná de Galilea. Allí fue buscado por un funcionario real que atravesaba una situación desesperante. A pesar de su posición, influencia y recursos, había algo que no podía controlar: su hijo estaba gravemente enfermo y al borde de la muerte.
Seguramente había agotado todas las alternativas a su alcance. Cuando las soluciones humanas llegan a su límite, decidió acudir a Jesús. Lo buscó con urgencia y le rogó que sanara a su hijo.
Sin embargo, aquel hombre tenía una idea que muchos todavía tenemos hoy: que Jesús debía estar físicamente presente para actuar. Creía que la solución dependía de que el Señor llegara a su casa antes de que fuera demasiado tarde.
Pero Jesús respondió de una manera sorprendente:
"Vuelve a casa, que tu hijo vive."
No lo acompañó. No realizó ningún gesto visible. Simplemente habló.
Y entonces ocurrió el verdadero milagro del pasaje de hoy: aquel hombre creyó la palabra de Jesús.
" Jesús le dijo: Si ustedes no ven señales y prodigios, no creen." (Juan 4:48).
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