Una oración sorpresiva

   Es fácil pensar que la oración requiere condiciones perfectas: silencio, tranquilidad y tiempo suficiente. Sin duda, esos momentos tienen un valor especial. Pero seamos sinceros: la mayoría de nuestros días no se parecen a eso.

  Nehemías lo entendía bien.

 Cuando llegamos al pasaje de hoy, no lo encontramos retirado en un lugar tranquilo. Está liderando una ciudad, resolviendo conflictos, tomando decisiones difíciles y supervisando la reconstrucción de Jerusalén. Su vida está llena de responsabilidades y exigencias.

 Y, sin embargo, en medio de todo eso, eleva una sencilla oración:

"¡Recuerda, Dios mío, todo lo que he hecho por este pueblo, y favoréceme!" (versículo 19).

Lo sorprendente es que esta no fue una excepción. A lo largo de todo el libro encontramos pequeñas oraciones como esta. Son breves, sencillas y aparecen en medio de la acción. Nehemías había aprendido algo que muchos de nosotros olvidamos: la oración no siempre requiere apartarse de la vida. Muchas veces ocurre en medio de ella.

  " Dios mío, ¡te ruego que no te olvides de mí, ni de todo lo que he hecho por este pueblo!" (Nehemías 5:19).

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Cortando el pábilo

Ismael e Isaac

Jesús, el Hijo de Dios