He perdido el asombro

   ¿Recuerdas cómo era tu fe cuando conociste a Jesús?

 Quizás no sabías mucho sobre la Biblia. Tal vez todavía tenías muchas preguntas. Pero había algo que llenaba tu corazón: el asombro de descubrir que Dios te amaba más de lo que imaginabas.

Con el paso del tiempo, la vida sigue adelante. Llegan las responsabilidades, los problemas, las decepciones y las prisas. Seguimos creyendo en Jesús, pero poco a poco otras cosas empiezan a ocupar el centro de nuestra atención. 

 No perdemos la fe de un día para otro.

Simplemente dejamos de volver al lugar donde todo comenzó.

 Por eso me conmueve que Pablo escriba estas palabras a una iglesia que ya conocía de Cristo. No les presenta una nueva enseñanza ni una experiencia diferente. Les recuerda el evangelio que un día recibieron y en el cual seguían firmes.

Como si les dijera:

  "No olviden aquello que transformó su vida."

  " En primer lugar, les he enseñado lo mismo que yo recibí: Que, conforme a las Escrituras, Cristo murió por nuestros pecados." (1 Corintios 15:3).

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