Cuando el dolor se convierte en propósito
Hay noticias que cambian la vida para siempre.
Una llamada del médico. Un diagnóstico inesperado. Una conversación que divide la historia en un "antes"y un "después." De pronto, los planes cambian, el futuro deja de parecer seguro y el corazón se llena de preguntas a las que no encuentra respuesta.
Es entonces cuando, casi sin darnos cuenta, brota una oración: "Señor, ¿por qué está pasando esto? ¿Qué hice para merecerlo?"No porque hayamos dejado de confiar en Dios, sino porque el dolor nos enfrenta a un misterio que no alcanzamos a comprender.
Job conoció muy bien esa sensación. En muy poco tiempo perdió sus bienes, a sus hijos y también su salud. Allí estaba, sentado sobre las cenizas, aliviando sus heridas con un pedazo de barro quebrado, mientras intentaba entender cómo su vida había cambiado de manera tan drástica.
Job lloró. Hizo preguntas difíciles y derramó su corazón delante de Dios.
Y eso nos recuerda una verdad que nunca debemos olvidar: la fe no nos promete una vida libre de sufrimiento; nos promete la presencia de Dios en medio del sufrimiento.
" El Señor le preguntó: ¿No te has fijado en mi siervo Job, que no hay nadie en la tierra que se le compare? Es un hombre de conducta intachable; no le hace mal a nadie, y es temeroso de Dios. Tú me incitaste a hacerle daño, y a que sin ningún motivo lo arruinara, y aun así él sigue siendo un hombre intachable." (Job 2:3).
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