Jehová Tsidkenu, el Señor es nuestra justicia
Es evidente que la injusticia y la impunidad se han extendido por doquier, afectando desde los ámbitos políticos hasta el día a día de las personas. El mal parece haberse alojado en nuestra sociedad, dejándonos con la sensación de que poco o nada cambiará. Esta realidad no solo afecta nuestra percepción de justicia sino que también incremente nuestra sensación de vulnerabilidad, ya sea al transitar por las calles, en el tráfico, o incluso dentro de nuestros hogares.
Lamentablemente, este caos no escapa de los entornos religiosos, aquellos que deberían ser pilares de fidelidad, justicia y amor divino, a menudo también se ven involucrados en escándalos que van desde la tergiversación de doctrinas hasta faltas morales graves. Esta situación nos lleva a cuestionarnos si aun en estos escenarios prevalecerá la corrupción y la inmoralidad.
¿Acaso Dios no está vigilando?
En el tiempo de los reyes, la idolatría se destacó como el pecado que más daño causó a la relación entre Israel y el Señor, pero no era el único mal que afligía a la nación. La corrupción se extendía tanto en los palacios reales como en el templo. Los reyes, además de practicar la idolatría, ejercían su poder de manera deshonesta, oprimiendo a los más vulnerables como los pobres y las viudas, y se dejaban corromper por sobornos para dictar juicios injustos. De igual manera, los sacerdotes, lejos de ser fieles al Señor, se entregaban a la idolatría y a la codicia, mostrando avaricia y cometiendo injusticias contra el pueblo.
" Vienen días en que haré que un descendiente de David surja como rey. Y será un rey justo, que practicará la justicia y el derecho en la tierra. Durante su reinado, Judá estará a salvo, e Israel podrá vivir confiado. Y ese rey será conocido por este nombre: El Señor es nuestra justicia." (Jeremías 23:5-6).
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