No quiero seguir aparentando

  ¿Alguna ve has sonreído cuando en realidad no tenías ganas de hacerlo?

 Hay días en los que respondemos "estoy bien", aunque por dentro sepamos que no es cierto. Seguimos cumpliendo con nuestras responsabilidades, asistimos a la iglesia, servimos a los demás e incluso sonreímos. Pero hay heridas, luchas o pecados que preferimos esconder por miedo a ser juzgados.

 Con el tiempo, aparentar puede resultar agotador.

 En el libro clásico de la literatura cristiana "El progreso del peregrino" aparece un personaje llamado Hipocresía. Quiere parecer un verdadero peregrino, pero nunca entra por la puerta estrecha. Desea las señales externas del camino, sin permitir que Dios transforme su corazón.

 Jesús conocía muy bien ese peligro.

Por eso habló con tanta firmeza a los fariseos. Por fuera, parecían personas de conducta intachable. Eran admirados por su religiosidad y su conocimiento de la Ley. Sin embargo, Jesús veía lo que nadie más podía ver: un corazón que necesitaba ser restaurado.

 Lo maravilloso del evangelio es que Dios nunca nos invita a fingir delante de él.

 No necesita una versión perfecta de nosotros. Él ya conoce nuestras luchas, nuestros temores y aquello que intentamos esconder. Y aun así nos ama.

 
" ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Porque son como los sepulcros blanqueados, que por fuera se ven hermosos pero por dentro están llenos de carroña y de total impureza. Así también ustedes, por fuera se presentan ante todos como hombres justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad. " (Mateo 23:27-28).

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Cortando el pábilo

Ismael e Isaac

Jesús, el Hijo de Dios