Yo soy el que soy
¡Todos buscamos estabilidad! Ya sea en nuestras actividades cotidianas, en lo relacional, lo económico, en nuestra fe. Siempre estamos buscando seguridad y garantías para evitar sorpresas o desilusiones en nuestro camino.
Esto también lo podemos ver en la Escritura: cuando el Señor eligió a Gedeón para dirigir al pueblo contra los madianitas, Gedeón pidió señales que confirmaran que Dios estaba realmente con él. Al conceder a Ezequías otros quince años de vida, Dios hizo que la sombra retrocediera diez grados en el reloj de Acaz como prueba de favor divino. Tomás necesitaba ver para creer que Jesús había resucitado, y así varios ejemplos.
Como podemos ver, la búsqueda de seguridad y certezas es parte de nuestra naturaleza humana. No obstante, a través de la vida de Tomás, Jesús nos da una gran enseñanza: son bienaventurados aquellos que creen sin necesitar pruebas concretas. La certeza de Dios no está en lo sobrenatural, sino en una fe firme en el poder de su nombre.
Cuando Dios llamó a Moisés desde la zarza ardiente, le ordenó que regresara a Egipto para liberar al pueblo de la esclavitud, y le aseguró: "Yo estaré contigo." Moisés, sin embargo, tenía dudas sobre esta tarea y comenzó a hacer preguntas, entre ellas, cuál era el nombre que debía dar si los israelitas preguntaban quién lo enviaba.
" Dios le respondió a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y añadió: A los hijos de Israel tú les dirás: YO SOY me ha enviado a ustedes. " (Éxodo 3:14).
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