Del foso al trono
¿Hay alguna parte de tu vida que hoy sientas muerta y enterrada?
Quédate un momento con esa pregunta. No intentes responderla de inmediato. Solo permite que Dios traiga a tu mente aquello que parece perdido, detenido o imposible.
Entre el pasaje de ayer y hoy transcurren dos años. Dos años en los que José permaneció en prisión sin ninguna señal de que las cosas fueran a cambiar. Día tras día, todo parecía igual. Es fácil imaginar que, con el paso del tiempo, la esperanza de José comenzó a apagarse.
¡Pero Dios nunca había dejado de obrar!
Cuando llegó el momento señalado, todo cambió. En un solo día, José salió de la prisión, estuvo delante del faraón e, inesperadamente, fue puesto al frente de todo Egipto. Lo que parecía una historia concluida se convirtió en el comienzo de una nueva etapa. Dios hizo en un instante lo que nadie había imaginado posible.
La historia de José vuelve a dirigir nuestra mirada hacia Jesús.
Después de la cruz, todo parecía perdido. El silencio del sábado hacía pensar que la muerte había tenido la última palabra. Pero al tercer día, la tumba quedó vacía. Jesús resucitó y venció para siempre al pecado y a la muerte. Lo que parecía al final fue, en realidad, el comienzo de la mayor victoria de la historia.
" A José le dijo: Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay nadie tan inteligente y sabio como tú. Así que tú estarás al frente de mi casa, y todo mi pueblo se someterá a lo que digas; solamente en el trono seré mayor que tú. " (Génesis 41:39-40).
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