Si tienes vergüenza

   Hay una diferencia entre lamentar algo que hiciste y creer que hay algo malo en ti. La culpa dice: "Hice algo malo." La verguenza susurra algo mucho más cruel: "Yo soy lo malo." Y esa voz es casi tan antigua como la humanidad.

 Después de desobedecer a Dios, Adán y Eva hicieron algo que seguimos haciendo hasta hoy: se cubrieron y se escondieron. En cuestión de instantes, la libertad que habían disfrutado delante de Dios se convirtió en miedo. Ya no querían ser vistos.

 La verguenza todavía hace eso con nosotros.

 Nos convence de que si alguien conociera lo que hicimos, lo que nos hicieron, lo que pensamos o aquello que intentamos ocultar, dejaría de amarnos. Entonces buscamos nuestras propias hojas de higuera: logros, apariencias, sonrisas que dicen que todo está bien, versiones cuidadosas construidas de nosotros mismos.

 Pero en medio del jardín ocurre algo precioso.

 Dios pregunta: "¿Dónde estás?" Él sabía perfectamente dónde estaban. La pregunta no nace de la ignorancia, sino del corazón de un Dios que sale a buscar a quienes se esconden de él.

 " En ese instante se les abrieron los ojos a los dos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entonces tejieron hojas de higuera y se cubrieron con ellas. El hombre y la mujer oyeron la voz de Dios el Señor, que iba y venía por el huerto, con el viento del dia; entonces corrieron a esconderse entre los árboles del huerto, para huir de la presencia de Dios el Señor." (Génesis 3:7-8).


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